No nos molestaremos en copiar el título completo de “The Idler Wheel…“, ya que por otra parte, poca gente se lo habrá leído del tirón; sí que hace falta comentar el esperadísimo regreso que suponía este disco desde que publicara su último trabajo “Extraordinary Machine” en 2005. Han sido nada más y nada menos que siete años sin saber nada de ella, si descontamos sus múltiples escándalos que bien le han valido el apodo de “La niña mala del pop”. Desde aparecer semidesnuda en “Criminal” para, según sus propias declaraciones “explotarse a ella misma antes de que nadie lo hiciera” a meterse en pleitos con su discográfica Sony, o declarar abiertamente “Este mundo es una mierda” durante un discurso de la MTV. Todo ello sin despeinarse y sin que le impida lanzar ahora este trabajo que ha sido catalogado por la crítica como el más maduro hasta la fecha. Al fin y al cabo, si echamos la vista atrás, ya hacía sus pinitos desde los noventa.
Fiona Apple es diferente, lo sabe y lo explota. Sus canciones son frágiles composiciones acompañadas de piano que gustan de explorar el lado más oscuro y perturbador de la vida. Su voz ronca y contundente no recuerda a ninguna otra estrella del pop y le viene que ni pintada a las descarnadas letras que ella misma compone. Parece mentira que una chica que ha sufrido problemas de anorexia y diversos desordenes alimenticios suene luego tan segura y potente sobre el escenario. “The Idler Wheel…” rememora a las grandes voces del soul. En cierta forma, su estilo recuerda al de la ya fallecida diva Amy Winehouse. El álbum abre con el acertado single Every single Night, que alterna tiempos de pura delicadeza con otros mucho más acelerados, lo que es por otra parte una constante en el disco. Suena demoníaco el estribillo de Daredevil, una de las canciones más crudas y devastadoras, dónde hace buen uso de la percusión y saca a relucir su desgarradora voz que tan bien sabe modular cuándo quiere. Valentine es uno de los grandes temas de este disco, un medio tiempo que encuentra la belleza en su sencillez. El piano cobra importancia más que nunca en Jonathan, donde la pequeña fragilidad que la rodea se convierte en una atmósfera algo caótica, perturbadora e inquietante. Es el juego que le gusta a Fiona explotar en este disco. Y así sigue, jugando con los tiempos pesados, rotundos, pero a la vez minimalistas. Werewolf se convierte así en una de las destacadas, con una Fiona más dulce, pero sin perder nunca gancho mediante una progresión que va in crescendo. The Idler Wheel es un disco instrospectivo que no quiere rendir cuentas ante nadie, con un halo de delirio constante que inexplicablemente, resulta seductor. El máximo exponente de esto se palpa en la desgarradora Regret. Suena más calmada Anything We Want, llevando la instrumentalización al nivel más mínimo para cobrar protagonismo la voz. Culmina siguiendo esta senda Hot Knife, con una percusión de fondo casi imperceptible, y por primera vez acompañada de coros, que se prolongan a lo largo de toda la canción.
Un disco de matrícula de honor con el que Fiona se ha coronado tras siete años de larga espera. Un sonido que como ella misma ha declarado, lo encontró de casualidad, pero que le ha funcionado a las mil maravillas para satisfacer a la crítica más exigente. Un disco complejo que requiere de varias escuchas y que probablemente no será reproducido siquiera en el garito indie de tu ciudad, pero que destaca por su rotunda sinceridad, algo que siempre es de agradecer en la industria. Ladys Gagas del extraradio, abran el telón: Fionna Apple ha vuelto para quedarse. 9/10.


